Los ojos se cierran,
pendientes de palabras
es fuego sobre fuego,
en el instante inabarcable,
fuego entre ausencias,
sin tiempo.
En otro mundo sobre el mundo,
dentro de ti,
cercado por caminos circundantes,
como grietas de existir,
velos de emociones espirales,
hacia adentro.
Lejanía,
un grito ajeno en el desierto,
ausencia a través de todo,
intenciones disueltas,
a través de todos,
acechados por la gran incertidumbre.
Y tras el abismo
la gran caída,
justo a tiempo…
Nada permanece,
solo la imagen sin imagen,
en todos los espejos,
y el reloj detenido en las eternidades,
sosteniendo la pared.
Paredes en ruinas,
a oscuras,
incompletas,
inhabitables,
en dominio del silencio,
ahora inevitable.
Y los cuerpos de lo que fue,
impredecibles,
transitan el laberinto emocional,
hacia ninguna salida.
Ahora todo es aquí,
siempre lo fue,
siempre lo es,
ahora solo es ir,
ya no hay otros caminos,
solo almas que van,
entre espejos que aún todo lo miran,
y espacios sin retornos.
Palabras entre labios que sobreviven,
quedan rozando los cuerpos sin porvenir.
Sueñan el sueño fugaz de dos almas,
una a una conspiran.
